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La Tetraidad de don Mariano

Uno de los dogmas más increíbles de la Iglesia Católica es el de la Santísima Trinidad. Concepto inabarcable desde la mente humana y producto del conflicto entre la concepción monoteísta y el reconocimiento de tres dioses. La única forma que encontró la Iglesia Católica de casar el monoteísmo con el culto a tres (dios padre, dios hijo y espíritu santo) fue anunciar que son tres pero uno.
Siempre me había parecido una salida fácil, pero inverosímil e increíble. Hasta ayer. Sí, hasta ayer, en el que pude escuchar por la radio, en vivo y en directo, un fenómeno parecido, y aún más difícil, porque no era un 3 en 1, sino un 4 (o más) en 1. Ayer, entre que despertaba y no, en la radio podía escuchar a Mariano Rajoy, pero no solo a don Mariano.
Me intentaré explicar. Hablaba Mariano Rajoy, porque era su voz la que se oía, y así lo anunciaba la locutora. Pero en ese estado semiconsciente de estar en la cama había algo que aturdía mi mente. No hablaba solo Mariano Rajoy.
Pude apreciar nítida y claramente un milagro. La transustanciación de Ángel Acebes, Federico Jiménez Losantos, Benedicto XVI y la estatua de Franco (y don Santiago Bernabéu) en la persona de Mariano Rajoy.
Total, que auguro el mismo futuro a Mariano Rajoy que a Hernández Mancha, personaje desaparecido que data del tiempo de la transición entre el hervir la leche y la pasteurización.
Dos hechos a resaltar. El primero, que Hernández Mancha desapareció con la pasteurización, como los microbios malos de la leche, y el segundo, la conversión de nombre propio en verbo. Pasteur sí consiguió convertirse en Verbo, y en tiempos contemporáneos, que siempre son más de fiar que los narrados en el Nuevo Testamento.
Recuerdo también la aparición de la leche semidesnatada, primer signo de europeidad de nuestro país, y el fervor europeísta que se desató y que arrinconó los tetrabrics de lecha entera en las estanterías más altas y telarañosas. Nuestro país, por fin, era Europa, y en pocos años habíamos pasado de comprar la leche en bolsas a consumirla semidesnatada y pasteurizada.
Hoy día, como undécimo país más rico del mundo, ya nos hemos despojado de esa subalternidad respecto a Europa y nuestros dietistas, a la vanguardia del timón de la nueva España plural e imperialista, a parte de lograr el reconocimiento unánime y global de la superioridad de nuestra dieta y nuestras viandas, nos recomiendan que la leche ni tomarla. Que la leche cruda es algo de bárbaros europeos o de niños, y que la mejor forma de consumirla es a través de la cultura, esto es, en quesos y yogures. Resulta que los latinos y mediterráneos carecemos de la proteína necesaria para digerir la lactosa (o carecemos de la lactosa que sirve para digerir una proteína de la leche, no me he enterado muy bien) y a nuestro organismo adulto le sienta la leche cruda como una patada.
Yo, desde que me enteré, he sustiuido el cortado por el carajillo de Magno, que el coñac, jerez (o Sherry, que es una manera anglosajona de decir mal Jerez y de escribirlo peor) es mucho mejor que la leche.

PD que explica que es el google bombing: Angel Acebes es un miserable. Igual que George Bush.

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