Rajoy
Habrá quien resalte el nerviosismo y la forma de hablar rápida y atropellada del líder de la oposición en el debate del estado de la nación.Desde mi compresión y empatía con Rajoy me revuelvo en mi sillón ante tan injusta crítica. Nervioso, vaya: ¿Cómo se sentirían ustedes si sintieran todas sus palabras vigiladas por Acebes, Jiménez Losantos, Benedicto XVI y la estatua de Franco? Suficiente y justificado motivo para estar nervioso. Sí, pobre Rajoy...
Yo mismo me pongo nervioso en algunas ocasiones. Y hasta de mal humor. El último ejemplo ayer, cuando pagando unas pilas con un billete de 20 euros me miraron el dinero por una de esas lámparas ultravioleta. Y pese a que la dependienta era una mujer de 30 cm menos y 30 años más le planté cara cuando me dió el cambio. -Oiga, yo también quiero mirar su dinero por la lamparita, que si usted no se fía de mi dinero, yo tampoco del suyo.
Así fue como comprobé que el cambio era en moneda de curso legal y no viles billetes falsificados.
Hala.
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